jueves, 16 de junio de 2016

Ponte los zapatos de tu vecino. EMPATÍA



Cuenta Daniel Goleman, que su cuñado, escritor de libros de terror, tuvo la oportunidad de conocer al “estrangulador de Santa Cruz”, un hombre condenado por asesinar a 5 estudiantes, a su madre y  a su abuela. Después de oír su historia no pudo resistir la tentación de preguntarle:
 -¿Usted no siente compasión?- , a lo que el asesino contestó: - NO-
Hay muchos estudios que intentan comprender que pasa por la mente de los sociópatas, psicópatas y abusadores de todo tipo. Además de muchos otros factores, hay algo común en todos ellos: son personas incapaces de percibir el sufrimiento de los demás… Ello no les exime de culpa, porque son conscientes de lo que hacen, pero no sienten compasión… 


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Goleman, Dr. en psicología por la Universidad de Harvard y autor del libro inteligencia emocional, define la EMPATÍA como la capacidad de sintonizar emocionalmente con los demás. Esa sintonía nos permite captar sentimientos ajenos sin que la otra persona los exprese con palabras, simplemente interpretando su lenguaje no verbal, llegando a sufrir o disfrutar con ellos y predisponiéndonos a ayudar. La empatía se desarrolla desde el nacimiento, ello explica por qué muchos bebés rompen a llorar cuando oyen a otro bebé llorando. A medida que los niños van creciendo, esta conexión con quienes les rodean se va haciendo más consciente, y se va desarrollando a través de sus vivencias y la educación que reciben. 

 Decía Aristóteles: 
“El ser humano es un ser social, vive en familias, clanes, grupos, 
aldeas, ciudades y naciones,
 siente necesidad de juntarse con otros semejantes para poder realizarse como persona”

Dado que  las relaciones sociales son una necesidad primordial para el ser humano, es de vital importancia favorecer el desarrollo de la EMPATÍA, una capacidad básica que afecta a todas nuestras relaciones: familiares, amistosas, de pareja, escolares, laborales… Desde que los niños tienen capacidad de interactuar, van probando y aprendiendo conductas y actitudes que les facilitan o entorpecen su vida social. Además, empiezan a tener conflictos con los niños de su edad, al principio pequeños, y a medida que van creciendo, de mayor importancia. Si estas situaciones son bien resueltas, aprenderán a ponerse en el lugar del otro, a comprender sus circunstancias y sus sentimientos, a captar el efecto que sus conductas y palabras tienen en los demás, de modo que conseguirán establecer relaciones sinceras y duraderas.

El niño aprende  Empatía  de dos formas:

  1. TOMANDO CONSCIENCIA.  Mediante la enseñanza verbal, los niños aprenden a:

  • Reconocer y expresar sus emociones, y a ponerles nombre: estoy triste, estoy enfadado, estoy cansado… si no conocen sus propios estados de ánimo, difícilmente reconocerán los del los demás. Con los niños pequeños funciona tener a mano dibujos de caritas felices, tristes y serias, y que ellos elijan el dibujo que les representa en cada momento. Con los mayores se consigue a través de la comunicación “no invasiva”, es decir aprovechando los momentos de apertura.
  • Apreciar el efecto que sus conductas causan en los demás. Si no aprenden el daño que pueden causar a otro, repetirán la conducta. Así por ejemplo, si un niño echa del juego a otro “porque sí”, no basta con decir: -lo que has hecho está muy mal, eso no se hace-. Lo correcto sería: -fíjate en la cara que tiene Juanito, ¿como  crees que está?, ¿tu como te sentirías si te echaran de un juego y te quedaras solo? -
  • Comprender que hay un mundo mas allá del suyo. En el tiempo que vivimos de conflictos, atentados y guerras, es importante que los niños y adolescentes sean capaces de comprender el coste personal que suponen estas situaciones, como por ejemplo: convertirse en refugiado. Algunos conflictos les cogen tan lejos, que les cuesta ponerse en el lugar del que lo sufre. Así que explicarles la situación, les enseña que el mundo es mucho más que su realidad, y les acerca a otros niños de otras partes del planeta que son ignorados, y que son dignos de compasión, y merecedores de ayuda.
   2.  IMITANDO. Mediante la observación de los adultos y su ejemplo, los niños aprenden a: 
  • Escuchar de forma activa. Si tus hijos o alumnos ven que tu estás atento cuando te cuentan sus cosas, que dedicas tiempo y atención a escuchar a los demás y te preocupas por ellos, harán lo mismo. Si por el contrario ven que cuando te hablan estás atento al móvil o a cualquier otra cosa, e intentas terminar la conversación lo antes posible, esa será la actitud que imiten. 
  • Ser respetuosos con los demás. Es fundamental que no pasemos por alto las críticas dañinas que oigamos en boca de nuestros hijos o alumnos. Nuestro deber es hacerles ver que sus comentarios pueden hacer mucho daño, y que pasados de boca en boca se pueden hacer “virales”, y por tanto el daño es irreparable. Estos comentarios no suelen tener en cuenta a la persona, ni sus circunstancias, ni sus sentimientos. Pero ¿que pasa si los adultos somos “criticones”? ¿podemos pedir a nuestros niños que no lo sean?… no podemos. Recuerdo una anécdota que me contó una vez una amiga. Su hija había llegado a casa muy impresionada porque había oído a la madre de una compañera hablar mal de alguien - ¿pero si las madres no critican?- le había dicho… Sin duda señal de que mi amiga no juzgaba, por lo menos delante de sus hijos.

Está comprobada la relación entre la empatía y la capacidad de solucionar conflictos sin violencia, y no es de extrañar, pues ser capaz de ponerse en la piel del otro, te proporciona una posición de apertura y de comprensión que guía tu forma de actuar hacía  posturas conciliadoras.
Reconocer a una persona adulta que carece de empatía no resulta complicado:
Piensa que sus problemas son los únicos, juzga las acciones de los demás y hace comentarios hirientes, pone sus deseos por encima del resto sin percatarse del daño que puede hacer, no observa ni escucha a los demás, convierte las conversaciones en monólogos y tiende a provocar conflictos. Como consecuencia suelen tener poco éxito social, familiar y laboral. 

Merece la pena ponernos manos a la obra.
 Si todos tuviéramos la capacidad de ver más allá de nosotros mismos el mundo sería más amable.

Os dejo con un vídeo que muestra como, ponerse los zapatos de otros, se convierte en impulsor de buenas acciones.




3 comentarios:

Natalia Barcáiztegui dijo...

Muchas gracias por el post Yvonne. Me ha encantado y además es de vital importancia que recordemos el valor de la empatía para construir un mundo más amable. Qué importante es practicar la empatía para vivir la benedicencia!!!! Si visualizáramos las heridas que hacen nuestras críticas, cuánto sufrimiento evitaríamos al callar nuestras palabras dañinas...

El video precioso. Enhorabuena Yvonne
Un abrazo

Natalia

Natalia Barcaiztegui Jadraque dijo...

Muchas gracias por el post Yvonne. Me ha encantado y además es de vital importancia que recordemos el valor de la empatía para construir un mundo más amable. Qué importante es practicar la empatía para vivir la benedicencia!!!! Si visualizáramos las heridas que hacen nuestras críticas, cuánto sufrimiento evitaríamos al callar nuestras palabras dañinas...

El video precioso. Enhorabuena Yvonne
Un abrazo

Natalia

Yvonne González Sánchez-Pizjuán dijo...

Gracias a ti Natalia. Desde luego, la capacidad de ver desde la perspectiva de los demás, evitaría mucho sufrimiento .